Paul McCartney, la leyenda musical que conmocionó a México

Ciudad de México, 29 de octubre de 2017.- Nunca, a lo largo de sus cuatro visitas anteriores, Paul McCartney  fue tan oportuna para los habitantes de la ciudad de México. Son las 21 horas del último sábado de octubre del 2017 y de los 48 mil 300 presentes que han abarrotado el Estadio Azteca, solamente quienes ya han vivido la experiencia de los conciertos del británico sospechan lo que está a punto de pasar, de la catarsis de los seres aún devastados con la tragedia que dejó el sismo del 19 de septiembre en la capital mexicana y de la transformación de un recital en una fiesta multigeneracional.

El reloj, todavía regido por el horario de verano marca las 21:17 horas cuando el anfitrión de la noche aparece en el gran escenario. Apenas vislumbran su figura, las miles de personas gritan y prácticamente no hay un rincón del Coloso de Santa Úrsula que no se cimbre con cada expresión Sonora -¡Sonorísima!- de mujeres y hombres de todas las edades y estratos sociales. Algunos brincan, otros levantan las manos y algunos más no necesitan ni abrir la boca, pues basta con ver su rostro para percatarse del caudal de emociones que recorre su cuerpo y que a veces, se asoma a través de sus ojos humedecidos.

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Con la primera canción de la noche, el recinto pambolero también sufre una transformación y pasa a ser una gigantesca máquina del tiempo. A Hard Day´s  Night provoca que algunos se transporten a 1964, cuando The Beatle lanzó el álbum del mismo título. La melodía no es la única de la época, instantes más tarde se escucha Can’t Buy Me Love e inclusive piezas aún más antiguas, como In Spite of All the Danger. Que, según palabras del artista, fue la primera que grabó con John Lennon.

“Buenas noches México. Esta noche vamos a tocar canciones nuevas y viejas y vamos a tener una fiesta”, es el primer saludo de McCartney, quien hace una mezcla de inglés y español. El músico provoca la euforia al pronunciar términos tan coloquiales como “Carnal”, al referirse a Lennon o “Bola de locos”, al dirigirse al público que se le entrega sin medida y que responde sin control a cada petición o provocación de Sir Paul.

Durante la velada, hay espacio para la música de todos los tiempos. La Beatlemanía crece con piezas como: Got To Get You Into My Life, Lady Madonna o Blackbird. Save Us y Nineteen Hundred & Eighty Five. El romanticismo invade el ambiente con My Valentine, que el artista canta para su esposa Nancy, quien se encuentra  sentada entre el público. Más tarde con Something, la nostalgia invade a todos; la honesta y sentida letra de George Harrison, la voz de McCartney y un ukulele hacen que algunas parejas se abrecen y otras más, las que quieren pasar más discretas, darse un apretón de manos. Algunos solitarios intentan hacer una llamada y otros cerraron los ojos imaginando quién sabe qué cosa mientras  algunos simplemente cantan, con cerveza en mano, ya llevan tres, cuatro, todas en honor al británico.

La sinergia entre el artista y su gran público parece que es irrompible. Van dos horas de concierto y, además de la música y el canto, ambas partes entran en un intercambio de elogios y apapachos que solamente se viven en suelo azteca. Por un lado, McCaryney anima a los miles con la frase en español “¡Fuerza México!”, que nació tras la tragedia de los sismos del mes pasado. La gente responde el gesto con frases cantadas como “Olé, olé, olé, Sir Paul, Sir Paul” y después, el inglés responde con otra frase que se quedará en la memoria de todos. “¡Son los mejores!”.

En la recta final suenan más canciones de The Beatles. Ob La Di, Ob La Da, Back in The USSR y Let It be.

Hey Jude une al estadio en una sola voz. Quién sabe si fue la emoción del momento o porque es la letra que todos necesitamos, la que un día, según una de las versiones de su origen, fue escrita como consuelo a Julian Lennon en medio del divorcio de sus padres y ahora somos nosotros quienes nos adueñamos porque es tiempo de hacer “de la canción triste, una mejor versión”. Como ocurre en cada presentación de McCartney, en este momento los fuegos artificiales alumbran el cielo del Azteca y sus explosiones se escuchan en muchos rincones de la ciudad.

Así termina la noche, pero nadie quiere irse, incluyendo al propio Paul. Tras un falso adiós, McCartney regresa al escenario para interpretar Yesterday, Birthday acompañado de cinco mujeres fans que fueron elegidas para subir al templete Golden Slumbers y In the end. “Muchas gracias, nos vemos la próxima”, asegura el hombre de 75 años, seguido por miles de miradas que necesitan la certeza de esa próxima vez, en medio de los rumores que apuntan a que One on one es la gira del adiós.

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Aún con las dudas, la satisfacción que queda en los presentes por haber sido parte de un concierto épico es indisimulable. Mientras salen del estadio, una gran mayoría expresa su beneplácito y señala “¡Es el concierto de mi vida!”, “Ya puedo morir tranquilo” y  los más optimistas ya tratan de adivinar cuándo será el próximo concierto en tierras mexicanas.

Joel Ofarrili / LatinShow News

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